Los universitarios, los más olvidados de la comunidad educativa

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Finales de agosto y el inicio de las clases está más lejos de lo normal. A pesar de que podría ser el sueño de cualquier estudiante, este año es diferente. El comienzo del curso será distinto en cada comunidad, e incluso en cada universidad.

Apenas han pasado dos meses del último contacto con la docencia online, y lo más seguro es que este año también se caracterice por clases y trabajos desde casa. Para acercarnos a la opinión de la comunidad universitaria sobre este nuevo curso, hemos hablado con varias alumnas y alumnos de distintas universidades públicas madrileñas, los cuales nos han transmitido sus quejas e inquietudes.

La fecha de matriculación siempre ha variado entre los distintos centros, pero este año una matriculación tardía se traduce en mayor inseguridad para los estudiantes. Algunos de ellos aún tienen pendientes exámenes presenciales a principios de septiembre, los cuales no saben si se van a realizar debido al aumento de contagios que está sufriendo la Comunidad de Madrid.

El grado de presencialidad de las clases va a variar según la universidad e incluso entre las propias escuelas y/o facultades. Una alumna de la Universidad Carlos III de Madrid nos cuenta que cada semana tendrá tres días online y dos presenciales. Por otra parte, una alumna de la Universidad Rey Juan Carlos asegura que cada mes tendrán tres semanas online y una presencial, aunque en esta última no irán todas las personas matriculadas a la vez, sino que la clase se dividirá en dos grupos y cada uno acudirá una semana distinta. El modelo de la Universidad Politécnica de Madrid, al igual que el de la Universidad Complutense de Madrid, es de los más heterogéneos. Sus estudiantes podrán tener cuatro días presenciales a la semana o tres, así como empezar el curso en días distintos. Un alumno de la Universidad Complutense de Madrid nos cuenta que su facultad (la de Ciencias Químicas) les ha enviado un correo en el que se especifican la “Organización y planificación de la docencia para el curso 2020-2021 en la Facultad de Ciencias Químicas”. Sin embargo, otra alumna de la misma universidad pero distinta facultad, desconoce el día en el que tiene que matricularse. De la misma forma, tampoco le han informado de los días que tendrá que acudir presencialmente a clase. Una alumna de la Universidad Autónoma de Madrid nos comenta que su universidad ha optado por alternar una semana presencial con una semana de clases online, aunque desconoce cuáles tendrá que acudir y si este modelo será el mismo para toda la universidad. 

Por lo general, las universidades madrileñas no especifican cómo se va a repartir el estudiantado en las clases presenciales. Hay grados en los que será posible mantener la distancia de seguridad aun cuando acuda la clase al completo, pero por lo general el ratio de alumnos por clase no lo hará posible. A excepción de un estudiante, ninguna de las personas entrevistadas sabe con exactitud qué días o semanas deberán asistir de manera presencial, qué medidas tendrán que tomar, ni cuáles son las que adoptarán las propias universidades. 

Algunas alumnas y alumnos nos transmiten su miedo a contagiarse en las aulas. “Las clases presenciales podrían reducirse a lo estrictamente necesario, como los laboratorios u otras prácticas que requieran equipos de la universidad. De esta manera se evitarían desplazamientos innecesarios en el transporte público y se reducirían las probabilidades de contagio tanto de los alumnos como de los profesores” asegura un alumno de la URJC.

Los diferentes modelos que van a adoptar las universidades afectan en mayor medida a las personas que estudian fuera de su ciudad natal. La situación económica de la mayoría de estas les obliga a compartir piso, y ante algunos modelos como el de la URJC, algunas se preguntan: ¿merece la pena alquilar? El gasto que supone vivir en otra ciudad (el pago de la habitación, la luz, el agua, internet…) para ir a clase una semana al mes provoca el enfado de muchos estudiantes, sobre todo cuando se ha comprobado la posibilidad de afrontar el curso con clases online. 

La búsqueda de piso, que todos los años es difícil, se complica aún más por la situación excepcional que vivimos. Una alumna de la UC3M nos comenta que el pasado curso pasó el confinamiento en su ciudad natal pero continuó pagando el piso que tenía alquilado en Madrid. Nada asegura que todo el año académico vaya a ser semipresencial, por lo que teme que vuelva a ocurrir lo mismo y tenga que afrontar de nuevo el pago de un piso en el que no va a residir

Además, existe otro problema añadido. La probabilidad de contagio aumenta cuando se convive con una persona extraña, de la que desconoces sus contactos o las precauciones que toma fuera de casa. El miedo a que la persona con la que se comparte piso no recoja o haga ruido por la noche queda desplazado por el miedo al contagio. No saber si se vive en un entorno seguro puede convertirse en la realidad de muchos estudiantes.

Por último, el precio de las matrículas también es motivo de enfado entre los estudiantes. A pesar de que van a abundar las clases online en la mayoría de universidades, el precio del curso continúa siendo el mismo. Esto parece no tener sentido si se observa los precios que tienen las matrículas de grados semipresenciales y se tiene en cuenta que el acceso a los recursos de las universidades (equipos informáticos o laboratorios) se va a ver enormemente reducido, así como la misma asistencia a clase. 

Sin embargo, a pesar de la incertidumbre que sienten actualmente las universitarias y universitarios, es el alumnado que mayor capacidad de adaptación tiene de toda la comunidad educativa.