La soledad y la memoria

Fuente: elaboración propia

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El pasado 12 de diciembre se inauguró la primera exposición individual de Carlos Bellón en un pequeño, pero acogedor espacio de la capital llamado Visión Ultravioleta. Esta exhibición estará abierta hasta el 22 de enero del 2021. 

Este primer proyecto individual de Carlos Bellón lo ha llevado a cabo durante el confinamiento y parte del verano. En este periodo de tiempo ha podido reflexionar, y en sus cuadros ha plasmado, en esencia y recuerdos, la casa de su abuela, la cual se ubica en un pequeño pueblo manchego rodeado de campo amarillo; Argamasilla de Alba (Ciudad Real).

Carlos -el artista, así llamado por aquellos que van a ver la exposición- ha estado dividido estos últimos años entre Egipto, Dubai, Granada y Ciudad Real, lugares que han ayudado a su crecimiento personal, ya que en ellos ha desarrollado diferentes proyectos de documentación y reconstrucción de hipótesis visuales, así como sus propios proyectos expositivos, artísticamente hablando. 

Es una bonita casualidad que esta exposición esté ubicada en una de las bocacalles del Paseo de las Delicias; la calle Ciudad Real número 7, la cual evoca rápidamente a gran parte de recuerdos pasados de su ciudad natal. Sin embargo, nos encontramos en la capital, y el ritmo de vida no es el mismo. Hay un choque entre presente y pasado. 

Al entrar al espacio de Visión Ultravioleta, donde se encuentra esta exposición, el choque entre presente y pasado sigue estando, pero de una forma más relajada, más pausada. Esta entrada nos envuelve por las acogedoras pinceladas y colores que tratan de reflejar la casa de la abuela de Carlos en el pequeño pueblo manchego. Esa vivienda que puede ser la casa de todos, aquel lugar que evoca recuerdos. “La casa de mi abuela es una proyección del paradigma de memoria. La memoria, como lugar habitable”, nos afirma.

Continuando con la visita, el espectador enseguida es consciente de que la sala está dividida en dos: hacia el lado derecho observamos una serie de cuadros exteriores. Éstos nos adentran a la vivienda mediante una mirilla, que simboliza los ojos de la casa, una gran puerta entreabierta con el número 5, la cual nos invita a entrar y una vez en el interior, en el rellano, ese espacio propio de las casas de antaño, nos encontramos con las escaleras que nos dan la bienvenida a la vivienda. 

Exposición “La Soledad y La Memoria” / Fuente propia

Una vez pasadas las escaleras, a la derecha se puede observar lo que desde lejos los visitantes podrían confundir con una fotografía de la abuela del artista, pero a medida que el espectador se acerca a la obra, descubre que en realidad es una pintura, que con trazos llenos de amor y respeto, refleja con detalle el rostro de la misma. Estos detalles encogen y emocionan por el nivel de realismo conseguido. Una de las visitantes, familiar de Carlos y por ende, pariente de su abuela, nos afirma emocionada el gran parentesco de su obra con la fotografía original, la cual además se encuentra sobre una sábana color verde con unos bordados al más estilo hogar, pues consigue trasladarte a esa casa de pueblo que muchos de nosotros tenemos.

Retrato de la abuela de Carlos Bellón / Fuente propia

Siguiendo con el recorrido exterior nos encontramos con otra obra, la cual evoca de forma directa y algo surrealista a los campos castellanos que menciona Machado en sus poemas. Al campo amarillo, llano y tonos ocres ardientes que invaden la mancha y que invaden también los recuerdos de la infancia de Carlos. 

Fuente propia

En la parte izquierda de la sala se ubica el interior de la vivienda. En la pared central encontramos tres dípticos que retratan una ubicación concreta de la casa, entre ellas la entrada, el aseo y la habitación. Estos cuadros generan cierta melancolía y soledad, ya que el artista ha pretendido reflexionar sobre sus recuerdos, un imaginario dentro de su memoria, recorriendo los paisajes de La Mancha, centrándose en su infancia y pasado, la cual sobrecoge y va acompañada de una incondicional soledad. Traducido ésto, en una casa llena de recuerdos. 

Dipticos de la casa (interior) / Fuente Propia

El hilo conductor de cada uno de los cuadros lo encontramos en los animales retratados con unos colores y pinceladas que dan vida. Cada golondrina, cada salamandra posee vida propia. Estos son importantes ya que son, actualmente, los nuevos vecinos del pueblo, los que están cuidando (o no tanto) la casa de su abuela.

Fuente propia

Carlos afirma que aunque en la casa de su abuela fue muy feliz, también pasó momentos de soledad y miedo, los cuales ha intentado retratar y reflejar con sus pinceladas. Por ello, este lugar caló de forma profunda en él y  al expresarse a través de la pintura ha sido capaz de reconciliarse consigo mismo y su pasado, su soledad y su memoria. 

También nos confiesa que por haber sido un lugar importante para él, se ha dado cuenta de que su memoria ha sido muy selectiva y ha guardado una gran cantidad de detalles, por ejemplo, recuerda cómo son los bordados de las sábanas o el desconchón del primer escalón de la escalera principal. Estos detalles son, sin embargo, parte de él, como lo ha sido su abuela y su casa, a pesar de que ahora esté habitada por golondrinas y salamandras y poco a poco se desmorone. Esa casa es una casa de recuerdos y es la casa de todos.  

“La casa de mi abuela es una proyección del paradigma de memoria. La memoria, como lugar habitable”