Semana del documental: “The Oath”, Laura Poitras

theoath_enelvertice Bomberos y equipos de rescate trabajan bajo los escombros del World Trade Center (NY) Tomada el 21 de septiembre de 2001 por Michael Rieger. Fuente: Wikimedia Commons

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“The Oath” (2010) es un documental producido y dirigido por Laura Poitras que narra la historia de dos cuñados: Abu Jandal y Salim Hamdan cuyas vidas estuvieron relacionadas con al-Qaeda y su líder entonces, Osama bin Laden.

Laura Poitras.
Fuente: Wikimedia Commons

Laura Poitras es una reputada documentalista estadounidense que a lo largo de su carrera ha mostrado mucho interés por los conflictos entre EE. UU. y los países árabes, atendiendo especialmente a la denominada “Guerra del Terror” así como a las guerras de Afganistán e Irak. Concretamente, “The Oath” forma parte de una trilogía cuyo objetivo principal es mostrar a los americanos las consecuencias de sus propios actos desde el 11-S.  La forma especial que tiene su trabajo es mostrar una realidad normalmente distorsionada por la narrativa occidental y muy pocas veces mostrada por los medios de masas, desde la vida familiar y cotidiana de las personas que la protagonizan.

Este documental tuvo una relevancia especial en EE. UU porque Salim Hamdan, uno de sus protagonistas, salió vencedor del histórico juicio Hamdan vs. Rumsfeld en el que se denunciaban los abusos de la administración del presidente Bush contra los detenidos acusados de terrorismo. Así, el documental muestra no solo las contradicciones de la yihad (a través de Abu Jandal), sino también los recovecos oscuros y poco garantistas de las políticas americanas durante aquellos años (a través de Salim Hamdan).

En un principio es complicado entender el sentido de lo que se nos está diciendo porque aparecen muchos cabos sueltos, pero a medida que avanza la película vamos comprendiendo el mensaje. El documental está formado por un collage de diferentes imágenes e historias. Hamdan no sale en ningún momento en pantalla porque estaba en prisión, así pues, todo lo que conocemos de él lo hacemos a través de metraje encontrado, principalmente fotografías y cartas que se escuchan con algunas imágenes de Cuba y Guántanamo Bay de fondo. Por su parte, a Abu Jandal le seguimos en su vida cotidiana. Vemos cómo trabaja con su taxi, cómo educa a su hijo y charla con sus discípulos interesados en la yihad. Todo esto se intercala con imágenes de las ruedas de prensa que daban los abogados de Hamdan y programas de televisión americanos y árabes. Los rótulos que aparecen de vez en cuando son esenciales para que el espectador vaya ordenando en su cabeza las piezas de puzle que se le dan desordenadas.

Los protagonistas

El documental nos muestra dos mundos enfrentados y representados por los dos cuñados. Abu Jandal fue guardaespaldas de Osama bin Laden entre 1997 y el año 2000, en ese periodo de tiempo hizo “el juramento” (the oath) convirtiéndose así en terrorista yihadista. Sin embargo y según él mismo explica, se separó de la organización por discrepar ante los acuerdos del líder de al-Qaeda con los talibanes. Jandal se nos muestra como un hombre carismático, pero con grandes contradicciones. Es prácticamente imposible sacar conclusiones sobre sus ideas después de ver el documental, es más, en un momento dado le pide a Poitras que borre unas declaraciones suyas que hizo tan solo el día anterior.

Salim Hamdan fue chófer de Osama bin Laden y el primer hombre capturado por el FBI por tener contacto directo con el jefe de al-Qaeda tras los atentados de 11-S. Irónicamente, Hamdan no era terrorista, no realizó ningún juramento ni tenía ningún tipo de conocimiento de los planes de la organización ni de las armas que usaban. No solo esto, sino que fue terriblemente torturado por la policía americana en sus interrogatorios. Jandal por su parte, y a pesar de ser terrorista declarado, tuvo la suerte de ser interrogado por Soufan, un agente del FBI que no usó ningún tipo de tortura para sacarle la información y que lo dejó después en libertad.

La película muestra, además, una serie de poderosísimas imágenes que dejan al espectador con un sabor agridulce. En primer lugar, hay un momento en el que Jandal nos muestra unas imágenes de su hijo de pequeño, este aparece tumbado y rodeado de un Kalashnikov y varias granadas. Dice que de mayor quiere ser un yihadista como su padre. Esta secuencia estremece y vuelve a mostrarnos las contradicciones de Abu Jandal que parece estar en contra de la violencia después de haber pasado por la cárcel de Yemen y haberse sometido a un programa de reinserción, pero que también sonríe al escuchar hablar a su hijo.  Otra imagen de gran poder la protagoniza de nuevo Jandal junto con sus discípulos. De esta escena se puede sacar una reflexión profunda sobre la narrativa occidental de las consecuencias que siguieron al 11-S en el mundo árabe. Un alumno le pregunta Abu Jandal sobre las víctimas de los atentados en EE. UU. y la injusticia de los hechos, el maestro le hace reflexionar sobre la importancia de esas mismas víctimas, ¿acaso son menos importantes los cientos de miles de muertos fruto de las guerras de Afganistán e Irak?

Protesta por la guerra de Irak en San Francisco (EE. UU.), fotografía tomada en marzo de 2008 por Alex Robinson
Fuente: Flickr

Por último, es importante prestar atención al título de la película. “The Oath” significa “el juramento” y hace referencia al juramento que los terroristas hacen antes de entrar en al-Qaeda: I pledge to God to assist and support, regardless of my own self-interest or reasoning, regardless of my own well-being; and not to challenge the leadership (Prometo a Dios asistirle y apoyarle, independientemente de mi propio interés o razonamiento, independientemente de mi propio bienestar; y no desafiar el liderazgo) Pero también se hace un guiño especial a otro tipo de juramento: cuando Soufan da testimonio en el juicio de cómo fueron sus interrogatorios con Abu Jandal, se posiciona totalmente en contra de las torturas y así alega otro juramento: I took an oath swearing to protect this great nation (Hice el juramento de prometer proteger a esta gran nación). Vemos entonces como la palabra “oath” llega a adquirir un doble significado en el documental.

Con todo esto Laura hace una tremenda crítica al aparato político que la administración de Bush inició tras los atentados, además de mostrar las complejidades del mundo de la yihad. Viendo este documental se comprende con facilidad que no todo es blanco o negro y que muchas de las cosas que se relatan en Occidente pasan por una serie de filtros y estereotipos que llegan a distorsionarlas. En cualquier caso, después de ver la película es complicado entender qué nos quiere decir exactamente su directora. Laura Poitras nos acerca varias realidades de personas humildes, normales y corrientes; para que seamos nosotros, los espectadores, los que saquemos las conclusiones que consideremos. De alguna forma, este documental tiene la capacidad de demostrarnos que no ha habido (hasta ahora) ninguna manera eficaz de atajar el problema del terrorismo, la crisis entre Estados Unidos (y Occidente en general) y los países árabes.