Birmania II: Violaciones

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Irene Mira y Selene Serrano

En noviembre de 2017 salió a la luz un escandalizante informe por parte de la organización Human Rights Watch que mostraba la realidad de la sociedad rohingya birmana, y, más en concreto, las violaciones masivas que se han convertido en el arma de guerra birmana contra las mujeres de ese colectivo. Como se cuenta en el artículo Birmania I: de su golpe de Estado el 1 de febrero, en ese Estado se está llevando a cabo, desde hace años, lo denominado por Naciones Unidas como “limpieza étnica”. Con esto se hace referencia a los continuos ataques por parte del ejército a una de las muchas minorías existentes en el país: los rohingya

“Los militares han hecho mucho daño a nuestros corazones, nuestras creencias, nuestras almas y nuestros derechos… Es difícil para la gente olvidar estas violaciones de los militares […] Lo mejor que podemos hacer es luchar con nuestra mente y nuestro corazón para no someternos al miedo”, comenta Charm, en el libro de la periodista mexicana Lyidia Cacho “Esclavas del poder”. Charm es la ganadora del premio Reebok de los Derechos Humanos y víctima de explotación sexual en su país natal, Birmania. Además, en el año 2005 colaboró en la creación del informe “Licencias para violar” junto con las organizaciones Shan Women’s Action Network (SWAN) y Shan Human Rights Foundation (SHRF). En este informe se documentó y sistematizó la información de cómo el ejército birmano violó y asesinó a más de 600 niñas y mujeres desde los cuatro años. 

Todo esto muestra, como en pleno siglo XXI el ejército de Birmania utiliza la violación como arma de guerra, esclaviza a niñas y mujeres de etnias minoritarias como los rohingya, para trabajar en los campos de día y por la noche ser violadas de forma sistemática para satisfacer las necesidades de los soldados. 

La clave de todo esto es que esas violaciones sistemáticas y explotaciones sexuales en general, proceden del propio ejército birmano y, como se ve, es un secreto a voces. Se han presentado una gran cantidad de estudios acerca del tema pero parece que la opinión internacional está acallada, sin hacer nada al respecto. 

Birmania, de hecho, es uno de esos países en los que se puede distinguir con certeza que la trata y la explotación sexual de mujeres es un negocio del Estado, y específicamente, del ejército. El efecto desmoralizante que tiene la violencia sexual que los militares ejercen sobre las mujeres y niñas de los pueblos birmanos es abrumador.

El Consejo de la Restauración de la Ley y el Orden del Estado, institución creada por la junta militar en 1997, ha sido el mismo fundador de estos campos de esclavas sexuales. En estos lugares los propios oficiales y miembros del Consejo se han ido vinculando con agrupaciones del crimen organizado facilitando, de esta forma, el tráfico de personas. Según la Oficina de Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada, en los últimos años se han incrementado las actividades relacionadas con el crimen organizado y el tráfico de personas en este país. Todo esto custodiado por el amparo del gobierno militar y su impunidad. 

Otro de los testimonios que presenta el libro mencionado es el de Sayeda Begam, birmana de etnia rohingya refugiada en el campo de Bangladesh de 25 años de edad, que fue violada por los militares y policías. “Yo me sentía sin fuerzas, sin concentración. Mi hijo mayor se volvió a mí y me dijo: ‘Yo me hice el dormido, pero lo vi todo. ¿Por qué nos hizo eso la policía?”, “me decían que Birmania no es nuestro país, que somos bangladeshíes. Que nos debemos marchar, y si no, nos matarán y nos violarán”.

Charm, Sayeda, Hala Sadak… son solo algunos de los nombres de las víctimas de esta “limpieza étnica” y de la violencia arropada por el propio ejército. Lo cierto es que Birmania es un campo de exterminio de mujeres. Solo si el país logra liberarse de la junta militar, el estado empieza a caminar hacia una verdadera democracia y los medios muestran la realidad que allí ocurre, Birmania podrá recuperar la paz que tanto ansía y arropar el multiculturalismo que forma parte de ella. Estos hechos son lo más parecido al exterminio. Y cualquier exterminio es, evidentemente, imperdonable. Birmania es un paraíso del crimen organizado especializado en drogas y en la esclavitud sexual de mujeres y niñas.