La crisis humanitaria en Yemen de la que no se habla

La violencia bélica y civil es constante en Yemen. Yemen es un país situado en Oriente Próximo, vecino de Omán y Arabia Saudita, en la península de Arabia. Desde el año 2014 se vive una de “las peores crisis humanitarias” en este país según asegura Auke Lootsma, director del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo de Yemen. Parece, sin embargo, que el conflicto no esté sucediendo. ¿Hasta qué punto se conocen los verdaderos motivos de este conflicto? ¿Cuáles son las causas y las consecuencias?

Historia de Yemen

La República de Yemen surgió en 1990 tras la unificación de la República Árabe de Yemen (Yemen del Norte) y la República Popular Democrática de Yemen (Yemen del Sur). 

Yemen del Norte alcanzó la independencia en 1918 con la salida del Imperio Otomano, mientras que los británicos mantuvieron el control en el sur del país hasta 1967. Los dos países se unificaron formalmente como la República de Yemen en 1990

Se trata de un país bicontinental situado en Oriente Próximo y en África. Su parte asiática está situada en el Mashreq, al sur de la península de Arabia, rodeado por el mar Arábigo, el golfo de Adén y el mar Rojo, en Asia. Posee también una isla llamada Socotra la cual está situada en la plataforma continental africana. Por ello, este país comparte fronteras con Omán y Arabia Saudita y de hecho, es el único estado republicano en la península arábiga. Es un país en vías de desarrollo -y de hecho, uno de los más pobres de Oriente Próximo-, cuya capital y ciudad más poblada es Saná.

En cuanto al sistema de gobierno actual, cabe destacar la figura de Ali Abdullah Saleh. Las polémicas no quedan lejos de él, pues se ha denominado a Yemen como “cleptocracia” a raíz de sus políticas y medidas. Con cleptocracia se refieren a un sistema político basado en el establecimiento y desarrollo del poder centrado en el robo de capital, institucionalizando la corrupción y el clientelismo político. Así, estas acciones delictivas quedan impunes porque todos los sectores del poder son corruptos; desde la justicia, funcionarios de la ley y todo el sistema político y económico.

Precedentes del conflicto

Para entender los precedentes de este conflicto, no podemos olvidar el papel de la Primavera Árabe. Yemen ha estado inmerso en una crisis política desde 2011, la cual comenzó con estas protestas callejeras contra la pobreza, el desempleo, la corrupción y el plan del presidente del momento, Saleh de enmendar la Constitución y eliminar el límite del mandato presidencial, convirtiéndolo en presidente de por vida. Es decir, pese que se marca eso como inicio, las protestas de 2011 ya dejaban en entredicho el clima político del país. 

Saleh renunció a los poderes de la presidencia los cuales fueron transferidos al vicepresidente Abd Rabbuh Mansur al-Hadi, quien fue elegido oficialmente presidente el 21 de febrero de 2012 en una elección de una sola persona. El proceso de transición no fue fácil, se encontró con diversos obstáculos. Entre ellos, los más conocidos han sido los conflictos entre los Hutíes y Al-Islah y la insurgencia de Al-Qaeda. En septiembre de 2014, el grupo de los Hutíes (un grupo insurgente de Yemen que se autodenomina “partidarios de Dios”) se apoderó de Saná,​ declarándose más tarde con el control del país después de un golpe de Estado. Esto desembocó en una nueva guerra civil y una intervención militar dirigida por Arabia Saudita para prevenir el colapso del gobierno incipiente de Hadi. 

Los Hutíes y Arabia Saudita

Los Hutíes son un grupo chií que se creó en los 90 en oposición a la influencia religiosa de Arabia Saudí en la zona. Sin embargo, paulatinamente los suníes han ido formando parte del grupo. Tras la Primavera Árabe en Yemen, este grupo era uno de las pocas organizaciones revolucionarias con poder militar. Gracias a este poder, poco a poco se fueron haciendo con el control de parte del país y se retiraron de las conversaciones para pactar una transición. Su eslogan es “Dios es grande, muerte a América, muerte a Israel, maldición sobre los judíos y victoria del Islam”. Desde febrero de este año, los hutíes intentan apoderarse de la zona de Marib, rica en petróleo y uno de los últimos bastiones del gobierno en el norte del país. Marib está situada a 120 kilómetros de Saná, controlada por los hutíes desde 2014.

Arabia Saudita, país colindante con Yemen, desde 2015, ha ejercido un bloqueo que impide la importación de alimentos, desencadenando la mayor crisis humanitaria del momento. Este país también ha creado una coalición para hacer frente a los ataques de los Hutíes. Además, otros países como Emiratos Árabes, Egipto o Kuwait apoyan a esta coalición. 

El conflicto, como se ha visto, viene de la mano del grupo de los Hutíes. Este grupo trata intento tras intento de hacerse con el control del país, tomando ciudades, a través de ataques, etc. Además, los intentos de Naciones Unidas de frenarlo han sido inútiles, pues la guerra civil no cesa. Por otra parte, se cumplen ya 7 años del inicio de esta larga guerra. Los civiles soportan prácticas ilegales por varios bandos. No solo se unen a estas los grupos armados no oficiales como los que hemos citado, sino también grupos estatales, siendo plenamente conscientes de los daños, las muertes y los desplazamientos que esta guerra conlleva (y, por desgracia, parece que conllevará).

Se trata de un conflicto que se ha alargado en el tiempo y en el que se están cometiendo violaciones graves de derechos humanos en todo el país, muchas de ellas podrían ser constitutivas de crímenes de guerra. Se calcula que, a finales de 2019, más de 233.000 yemeníes habrán perdido la vida por culpa de los combates o de la crisis humanitaria. Mientras, la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos ha documentado más de 20.000 civiles muertos y heridos por los combates desde marzo de 2015. Una crisis humanitaria creada por el ser humano ha ido desarrollándose de manera vertiginosa, con alrededor 16 millones de personas que se levantan hambrientas cada día, y sin luz al final del túnel.