¿Qué puedo hacer contra el cáncer?

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Eduardo Cantón

Según los datos de la ESMO (European Society for Medical Oncology) se espera que este año se produzcan en la Unión Europea y Reino Unido 1.446.000 muertes por cáncer. Si bien indica un descenso de la mortalidad por esta enfermedad del 6% respecto al año anterior, el cáncer sigue siendo una de las principales causas de mortalidad en el “primer mundo” junto a las enfermedades cardiovasculares.

Hoy en día, el cáncer nos toca a todo el mundo, ya sea de una forma más cercana o lejana, la mayoría conocemos a alguien que sufre una neoplasia. Sin embargo, creo que no todo el mundo tiene claro de qué hablamos cuando hablamos de cáncer. Cuando hablamos de cáncer, no hablamos de una enfermedad, hablamos de muchas. El cáncer es el término dentro del que englobamos un conjunto de enfermedades con un origen común: una célula descontrolada.

Como contaba Julia Otero hace poco en una entrevista tras haber sido intervenida, el cáncer es una enfermedad egoísta. Nuestro organismo está regulado por una ingente cantidad de procesos moleculares (la mayoría de los cuales ni siquiera entendemos o conocemos) que hacen que todo funcione en perfecta coordinación. El cáncer supone la ruptura de esa armonía, supone el dejar de lado la prioridad que damos al funcionamiento del organismo en su conjunto para que se superponga el bienestar de una sola célula mutada.

Porque el cáncer funciona así. El cáncer se inicia en una célula que escapa de esas “normas moleculares”, por llamarlo de algún modo. Es una célula que muta, que cambia, y que en ese proceso de cambio solo aprende a mirar por sí misma y por su división, sin importarle las consecuencias que esto tenga para el resto del organismo. Una vez mutada, se empieza a multiplicar, agotando los recursos nutricionales del resto de nuestro cuerpo, invadiendo el resto de tejidos que hacen de nuestros órganos un conjunto funcional, hasta que todo queda invalidado por esa necesidad de invasión, por ese egoísmo propio del cáncer.

Retomando el segundo párrafo, el cáncer no es una sola enfermedad. Cada cáncer supone una serie de mutaciones en los genes que controlan la multiplicación celular normal, una serie de ataques al genoma de una célula. El genoma es el conjunto de genes de la célula, y puede verse alterado por muchos motivos. Como científicos, hemos descubierto muchas de esas alteraciones: hemos aprendido que los genes BRCA-1 y BRCA-2 se asocian a cáncer de mama (entre otros tumores), que el gen APC se asocia al cáncer de colon (entre otros genes), que el gen P53 nos protege de las mutaciones que tienen riesgo de ser cancerosas… Y todo lo que nos queda por conocer.

Para todo ello, la industria farmacéutica ha desarrollado fármacos. Al conocer cuales son los defectos genéticos que conducen al desarrollo del cáncer, hemos desarrollado “armas” contra esos defectos. Esos avances son verdaderamente importantes, pero, ¿nos hemos parado a pensar? ¿Qué esta causando esos defectos? ¿Y si, en lugar de tratar la consecuencia, tratásemos la causa?

La mayor parte de alteraciones genéticas que conducen a padecer un cáncer se han producido a causa de factores externos: hábitos alimenticios, falta de ejercicio físico, exposición a tóxicos (ya sea por voluntad propia o por motivos laborales)… Un largo etc. de factores que propician el desarrollo de mutaciones que, finalmente, hacen que nuestro cuerpo pierda el control de una célula que acaba produciendo la enfermedad.

Existen neoplasias por genes alterados que hemos heredado, por supuesto, pero la mayor parte se debe a lo que llamamos “mutaciones somáticas”. Somático, etimológicamente, quiere decir del cuerpo, por lo que hablamos de mutaciones que se producen en nuestro cuerpo, o lo que es lo mismo, que no hemos heredado.

Llegados a este punto, lo más lógico es pensar que el mejor punto donde actuar es ese. Llegados a este punto, tomamos conciencia de que unos hábitos de vida saludables podrían salvar más vidas que el tratamiento más revolucionario contra el cáncer. Pero, llegados a este punto, viviendo en esta nuestra sociedad, hemos dejado de hablar de una enfermedad. Estamos hablando de un negocio. Al sistema en el que vivimos y las personas que lo forman, les es más rentable una sociedad que consume mucho -en todos los sentidos- y que, debido a esto, enferma y requiere un tratamiento -que es otro modo de consumo-.

¿Cuántas veces habremos oído deseos de encontrar la cura contra el cáncer? Podemos curar la manifestación en ciertos casos, podemos frenarlo, podemos erradicarlo incluso. Claro que sí. Pero si de verdad queremos cambiar esto, debemos actuar. Debemos tomar conciencia de que quizás nos puede evitar más enfermedades nuestra forma de vivir y afrontar la vida que el dinero que le aportemos a una empresa para investigar sobre un determinado tipo de cáncer.

Pero, al mismo tiempo, no podemos renunciar al espíritu científico, es necesario investigar, es necesario tener métodos para evitar estas enfermedades de las que nos han hecho portadores, que no culpables. Aún así, hoy, 4 de febrero, te invito a tratar el cáncer, empezando por ti.