Análisis del matrimonio: ¿amor o esclavitud?

Irene Mira y Rocío Cruz

El parón por la pandemia ha generado un boom en las celebraciones matrimoniales. Entre los meses de marzo y abril de 2020 se cancelaron 17.000 bodas en España. El coronavirus quitó momentáneamente la ilusión de lo que se suele denominar como uno de los días más importantes en la vida de muchas parejas. Sin embargo, tras un atasco de más de dos años los enlaces matrimoniales han aumentado considerablemente, tanto que nos encontramos con un verdadero boom que está colapsando el sector de las bodas. 

Como ya comentamos en el anterior artículo relacionado con los orígenes de esta tradición, el matrimonio se entiende como aquella acción en la que se oficializa un vínculo de pareja para someterlo a una serie de normativas legales, sociales, morales e incluso religiosas, las cuales son dictaminadas por la sociedad.

Diferencia entre hombre y mujer desde la Antigüedad

La división entre hombres y mujeres se lleva debatiendo desde la Antigua Grecia. Por un lado, Sócrates (470 a.C.) aseguraba la existencia de una sola naturaleza, pero esta era jerarquizada. Es decir, una naturaleza donde la mujer se encontraba en el eslabón inferior, y el hombre en el superior. 

Por otro lado, el filósofo Platón (427 a.C.) presentó en obras como La Política y La República la distinción entre hombre y mujer en la naturaleza. Según el autor, ambos tenían diferentes naturalezas por lo que debían realizar distintas especializaciones. 

Aristóteles (384 a.C.), al igual que Platón, aboga por que la diferencia principal entre hombres y mujeres es la naturaleza y cree en la Teoría de la mujer, la cual hace referencia a que la mujer no puede obtener la virtud porque no participa en el escenario público. Considera entonces que la mujer es un instrumento que forma parte del hombre que se encuentra en el eslabón superior.

El filósofo John Locke, autor de la teoría del contrato social en el siglo XVIII, sostenía que la subordinación de la mujer al hombre dentro de la familia era natural y perteneciente a una sociedad previamente organizada. Según el filósofo empirista inglés, existía un contrato originario en el que las mujeres ya estaban subordinadas. 

Con ello, en este artículo pretendemos ofrecer una visión de género ante esta tradición que se lleva celebrando miles de años atrás y que parece no tener fin. 

Teóricas feministas sobre la relación matrimonial

Se comienza a hablar de la institución matrimonial en el feminismo ilustrado. Este periodo es conocido como el “tiempo de los derechos” sin embargo, estos derechos se escribieron en masculino, siendo las mujeres excluidas. Fue en el siglo XVIII, ocasión de cambio y transformación, cuando las teóricas feministas intentan definir la diferencia sexual. En estos momentos se desarrollan cambios económicos, sociales, políticas, simbólicos y filosóficos culturales. Todo esto supone una crisis de la sociedad patriarcal.

Las pensadoras feministas en la Ilustración tienen la conciencia de que la subordinación de las mujeres no estaba determinada por la “naturaleza” sino que era construida socialmente. Esta idea no era nueva, sino que tenía como precedentes a Christine de Pizan, filósofa, poeta, humanista y escritora del siglo XIV, a la escritora, filóloga, traductora, poeta y filósofa francesa de los siglos XVI y XVII, Marie de Gournay o a Las preciosas (s.XVII) mujeres que realizaban debates culturales, políticos y científicos, los cuales sirvieron como precedente a los salones de la ilustración en el XVIII.

Con ellas, se destacaron por primera vez las desventajas sociales, la situación legal y económica del matrimonio. Es decir, criticaban como las mujeres no podían hacer uso de sus bienes ni crear cuentas bancarias a su nombre. Además, exigían el reconocimiento de los derechos de las mujeres como mujeres, individuos autónomos por sí mismas, no como madres o esposas. 

Reprendían lo inadecuado de la educación femenina por la carencia de alternativas económicas al matrimonio. La educación que recibían no las preparaba para ser independientes económicamente, por lo que la única alternativa que tenían para sobrevivir era el matrimonio

La escritora feminista Mary Wollstonecraft en su obra Vindicación de los derechos de la mujer opinaba que a las mujeres solo se les pedía complacer. Se les enseña a ser sumisas, dejarse dominar y obedecer ciegamente a los hombres. Ya sean hijas, madres o esposas. Además, esta filósofa vinculaba la idea del amor a la razón como núcleo de su pensamiento. Consideraba que el amor tiene valor, pero el valor principal es la razón y, por ello, el amor lleva al hastío. Comenta que, si la mujer se centra en la razón, esta puede alcanzar la felicidad y la virtud incluso sin estar casada. 

La esposa casta y madre seria debe considerar su poder de agradar solo como el pulimento de sus virtudes, y el cariño de su marido, uno de los consuelos que hacen su tarea menos difícil y su vida más feliz. Pero, sea amada o descuidada, su primer deseo debe consistir en hacerse respetable.

Mary Wollstonecraft, Vindicación de los derechos de la mujer.

El filósofo utilitarista John Stuart Mill consideraba que el resquicio que quedaba de la esclavitud se encontraba en el matrimonio y, además, este estaba apoyado por la ley. Stuart Mill percibe la fuerza destructiva de la institución del matrimonio cuya condición de posibilidad es el ejercicio del poder patriarcal. Por ello, reivindicaba la igualdad en el matrimonio, incluyendo la igualdad en el reparto de la custodia de los hijos/as. 

La feminista y mujer de Mill, Harriet Taylor Mill se mostró más radical en sus propuestas.  Como en ese entonces, una de las partes del contrato tenía poder legal y control sobre la persona, la feminista apoyó la idea de que, en las leyes de propiedad, las cuales recaían sobre las personas casadas, la esposa tuviera durante su vida igual control sobre la propiedad.

Siento mi deber poner como constancia una protesta formal contra la ley existente del matrimonio, en cuanto que otorga tales poderes, y una promesa solemne de que nunca, en ningún caso ni bajo ninguna circunstancia los usaré. Y en el caso del matrimonio entre la señora Taylor y yo declaro que es mi voluntad e intención, y la condición del compromiso entre nosotros, que ella retenga todos, como haría muy ciertamente si pudiera realizarse un compromiso a ese efecto que me obligase legalmente.

Declaración matrimonial de John Stuart Mill (1851).

Otras filósofas adoptaban esta idea, como Simone de Beauvoir quien sostenía que la dependencia bilateral (económica, amor y reproductiva) no permitía la liberación de la mujer, perpetuando de esta forma la esclavitud. O Mary Astell quien pretendió crear una sociedad de mujeres en un espacio para que no les hiciera falta contraer matrimonio y pudiesen tener independencia en todos los sentidos.

Nuevas reivindicaciones

Una vez conseguido el voto femenino y con ello, dejar claro las diferencias y subordinación que trae consigo la institución del matrimonio, se pasa a otra reivindicación diferente. Y es que con la obra de Simone de Beauvoir se evoluciona de una reivindicación a la descripción de la condición femenina. Su libro no conlleva a una práctica política, es decir, no pide de forma explícita el voto -por ejemplo-, sino que realiza una descripción muy detallada de la situación de mujer en la historia, partiendo de diferentes disciplinas y ámbitos. 

Con esta autora, escritora y filosofa francesa nos adentramos a un nuevo paradigma dentro del pensamiento feminista en donde las diferencias entre hombres y mujeres no estaban basadas en las diferencias biológicas -siendo esto herencia de las pensadoras anteriores- sino que la situación de las mujeres no viene por la biología, sino por la sociedad o la cultura. Por ello, Beauvoir aseguró que “no se nace mujer: se llega a serlo”.