Cuando Mireya tenía 8 años y sus padres le preguntaban qué quería ser de mayor ella respondía veterinaria, aunque también se imaginaba buscando momias en Egipto o lanzando cohetes en la NASA. Laura fue cambiando de opinión. Desde que cursó Educación Primaria tenía claro que quería ser profesora y, más tarde, en la Educación Secundaria Obligatoria (ESO) descubriría su vocación, el periodismo. Andrea hasta que no tuvo 10 años no pensó qué quería ser de mayor, después se imaginó siendo pintora. Hoy reconoce que quizá su padre influenció en su decisión puesto que recuerda su infancia haciendo manualidades con él.

Por el Día Internacional del Teatro queremos reivindicar que la cultura requiere de personas que participen en ella. Un museo sin pintores no tiene sentido, ni un grupo musical sin músicos, ni, por tanto, un escenario sin actores y actrices. El gran problema actual es que estamos tan expuestos a la cultura que parece que se olvide que debemos pagar por ella…